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El ajusticiado era Hijo de Dios

Publicado el 28/03/2015

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

La Pascua está más cerca, ¿estás preparado?

Durante la Semana Santa, la Iglesia celebra los misterios de la salvación actuados por Cristo en los últimos días de su vida, empezando por su entrada mesiánica en Jerusalén. El tiempo de Cuaresma continúa hasta el jueves. A partir de la misa vespertina “en la Cena del Señor”, empieza el Triduo Pascual, que continúa durante el Viernes de la Pasión y el Sábado santo, y tiene su centro en la Vigilia Pascual y acaba con las Vísperas del domingo de Resurrección. [...] La Semana Santa comienza con el Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, que comprende a la vez el presagio del triunfo real de Cristo [palmas] y el anuncio de la Pasión”. Carta circular sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales (1988), núm. 27-28.

1. Lecturas del Domingo de Ramos en la Pasión del Señor

[Ciclo B: Isaías 50, 4-7; Filipenses  2, 6-11; Marcos 14, 1-15, 47].

Apóstol: “Cristo [...], actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de Cruz”.

Evangelio: “Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo. [...] Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno. Era mediodía cuando crucificaron a Jesús. [...] Los que pasaban, meneando la cabeza y diciendo: ¡Anda, tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz [...]. Al llegar el mediodía, toda la región quedó en tinieblas hasta la media tarde. Y, a media tarde, Jesús exclamó: ¡Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? [...] El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo: Realmente este hombre era Hijo de Dios”.

 

2. Meditación

1.- Texto. Jesús viaja a Jerusalén con sus discípulos para celebrar la Pascua, como tantos peregrinos lo hacen formando largas caravanas. Caminan de Jericó a Jerusalén (Marcos 10,46) pasando por el monte de los Olivos. Jesús manda a dos discípulos a un pueblo vecino para que recojan un borrico en el que nadie ha montado aún , como signo de la dignidad del que lo va a subir. Si alguien se opone a la acción, en cierto modo lógica, Jesús les dice que es el «Señor» quien lo manda; es decir, el que está sobre todos, al menos sobre sus seguidores. Con ello eleva la orden por encima de cualquier lógica histórica y da contenido al mensaje que se comunica a continuación: el hijo de David va a entrar en Jerusalén para tomar posesión de la ciudad (cf. Mateo 21,9). La escena está elaborada a partir de un texto de Zacarías (9,9) como trasfondo: «Alégrate, ciudad de Sión: aclama, Jerusalén; mira a tu rey que está llegando: justo, victorioso, humilde, cabalgando un burro, una cría de burra» (cf. Mateo 21,5). Los discípulos y la gente que le acompaña forman un tapiz sobre el suelo para que pase por encima el rey mesías (cf. 2Reyes 9,12-13). Al gesto de extender sobre el suelo los mantos y las ramas de olivo se une una doble aclamación a Dios. La primera se realiza a través del mensajero que manda: el mesías rey que aparece para instaurar su Reino. La segunda se dirige a Dios mismo en su morada que está en lo más alto. Así se le reconoce toda su gloria.

2.- Mensaje. Jesús entra en Jerusalén como mesías rey según la creencia cristiana. Por medio de su pasión, muerte y resurrección,  Dios ofrece la salvación a los hombres. No es ningún político ni un militar ensoberbecido de sus triunfos. Lucas lo narra en un tono de inmensa alegría. Los discípulos han contemplado sus milagros y han escuchado su palabra en su recorrido por Palestina. Por eso alaban a Dios a su entrada en Jerusalén, como al inicio de su vida lo hicieron los pastores en Belén (cf. Lucas 19,37; 2,20). Las aclamaciones que recibe Jesús a las puertas de Jerusalén no tienen eco alguno en los que la habitan. Comprobaremos que las autoridades y el pueblo se pondrán en su contra y pedirán su muerte (cf. Mc 15,11-15par). Lucas lo avisa: «Algunos fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. Replicó: Os digo que, si éstos callan, gritarán las piedras» (Lucas 20,39-40). Pero él entra en son de paz, ya que es un mesías humilde y sencillo, como dice la cita de Zacarías. Es un observación a la acusación de Caifás en el proceso religioso (cf. Marcos 14,61-62par) y a las voces que se oyen como injurias cuando está clavado en la cruz (cf. 15,32par). No deben existir equívocos sobre la identidad modesta y pacífica del mesías, del sentido que comporta su Reino, como antes le ha sucedido a Pedro (cf. Marcos 8,27-38par), porque el pueblo cree que el mesías posee el poder divino, como su filiación participa de la omnipotencia del Todopoderoso. Mesías, Hijo y Rey serán títulos que se barajarán en los procesos ante el sumo sacerdote y Pilato y constituirán la causa de la condena, y sus contenidos deben estar claros al principio del debate definitivo de Jesús con los responsables religiosos de Israel.

3.- Acción. Jesús es un mesías que viene a Jerusalén para comunicar la paz y la salvación, y sus habitantes le contestarán con la muerte. Se presenta con la debilidad externa que declara su imagen no violenta y pacífica que resalta al entrar montado en un asnillo, como suelen ir los responsables de los pueblos cuando van a las ciudades en tiempos de paz para concederles favores y privilegios (Jueces 5,10). No cabalga sobre un caballo dispuesto a entrar en combate o para sitiar y conquistar una ciudad, como acentúa el verso siguiente del profeta que da pie a la narración: «Suprimirá los carros de Efraín y los caballos de Jerusalén; será suprimido el arco de guerra, y él proclamará la paz a las naciones» (Zacarías 9,10; cf. Isaías 62,11). Lucas apunta que el mensaje de paz dado en Belén cuando nace Jesús es a la tierra (cf. Lucas 2,14); ahora, que visita Jerusalén, la paz pertenece a Dios que está en el cielo, como su gloria. Y la meta de la misión de Jesús es la gloria, donde va a residir para siempre (cf. Juan 13,32-33), y no la muerte en cruz. También la aclamación de los discípulos: «Paz en el cielo, gloria al Altísimo» puede ser una referencia velada a Jerusalén, ansiosa de esa paz que él ofrece con su presencia en estos momentos.

Fray Francisco Martínez Fresneda, ofm [http://fresnedaofm.blogspot.com.es/2015/]

 3. Contemplación

¿Dónde está el buen Dios?

Los SS parecían inquietos. Colgar a un chaval ante de miles de personas no era un asunto sin importancia. El jefe del campo de extermino nazi leyó el veredicto. Todas las miradas estaban puestas sobre el niño. Estaba lívido, intranquilo, mordisqueándose los labios. La sombra de la horca le recubría. El jefe del campo se negó en esta ocasión a hacer de verdugo. Le sustituyeron unos SS. Los tres condenados subieron a sus sillas. Los tres cuellos fueron introducidos en los nudos corredizos.

—¡Viva la libertad! —gritaron los dos adultos. El pequeño se calló.

—¿Dónde está el buen Dios, dónde? —preguntó alguien detrás de mí.

A una señal del jefe del campo, las tres sillas cayeron. Un silencio absoluto descendió sobre toda la explanada. El sol se ponía en el horizonte. —¡Descubríos! —rugió el jefe del campo.

Su voz sonó ronca. Nosotros llorábamos. Después comenzó el desfile. Los dos adultos habían dejado de vivir. Su lengua pendía, hinchada, azulada. Pero la tercera cuerda no estaba inmóvil; de tan ligero que era, el niño seguía vivo… Permaneció así más de media hora, luchando entre la vida y la muerte, agonizando bajo nuestra mirada. Su lengua estaba roja, y su mirada no se había extinguido. Escuché al mismo hombre detrás de mí:

—¿Dónde está el buen Dios?

Y en mi interior escuché una voz que respondía: “¿Dónde está? Pues aquí, aquí colgado, en esta horca…”.

Recogido por Fray Francisco Arias Marcelo, ofm  [Parroquia Santa María de Guadalupe (Córdoba)]

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Porque se acercan los días santos de su pasión salvadora y de su resurrección gloriosa; e los que celebramos su triunfo sobre el poder de nuestro enemigo y renovamos el misterio de nuestra redención. [Prefacio de la Pasión del Señor II].

Agenda del Santuario

Horarios de la Semana Santa en la Basílica de Guadalupe

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor

Concierto Sacro a cargo de las corales Santa María de la Montaña (Cáceres) y santa María de Guadalupe: Sábado, 20:00, basílica
Misas: 9:00 h, 12:00 h, 13:00 h y 20:00 h
Misa Solemne, 12:00 
Entrada solemne: Desde el Patio de Peregrinos o Corralón 
Proclamación de la Pasión del Señor
Liturgia eucarística

Santísimo Triduo Pascual

Introito: Jueves Santo
Misa en la Cena del Señor: 18:30
Hora Santa Eucarística: 13:00

1º. Viernes Santo de la Pasión del Señor:

Laudes: 9:00 h
Vía crucis por las calles del pueblo: 12:00 h
Celebración solemne de la Pasión del Señor: 18:30 h

2º. Sábado Santo de la muerte del Señor

3º. Domingo de Pascua en la Resurrección del Señor

Santa Vigilia Pascual: 23:00 h
Solemne Misa de Pascua: 12:00 h
Misas parroquiales: 11:00 h, 13:00 y 20:00 h

Paremos el genocidio de los cristianos en Siria, Iraq, Nigeria… Ora y muévete 

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