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El trigo entre cizañas

Publicado el 22/07/2017

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

Fuera de los tiempos que poseen su característica propia, quedan en el ciclo anual, 33 ó 34 semanas en que no se celebra ningún aspecto particular del Misterio de Cristo. Con todo, también se celebra en ellas el mismo Misterio de Cristo en su plenitud, especialmente el domingo. Este período se llama tiempo «durante el año». El tiempo «durante el año» comienza el lunes siguiente al domingo que cae después del 6 de enero y se continúa hasta el martes anterior a la Cuaresma, inclusive: comienza nuevamente el lunes después del domingo de Pentecostés y se acaba antes de las primeras vísperas del primer domingo de Adviento. Por esta causa, se usa una serie de formularios para los domingos y ferias de este tiempo, que se encontrarán en el Misal y en la Liturgia de las Horas. (NUAL, núm. 43-44).

El color litúrgico de este tiempo es el verde.

1. Lecturas del Domingo XVI

[Año A:  Sabiduría 12,13.16-19; Romanos  8,26-27; Mateo 13,24-43]

Apóstol: «El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables».

Evangelio: «Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será el fin del tiempo: el Hijo del Hombre enviará sus ángeles y arrancarán de su reino a todos los corruptos y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes».

2. Meditación

1.- Jesús da a Dios el juicio de la historia y de nuestras vidas. San Pablo nos lo dice con otras palabras: «Para mí lo de menos es que me pidáis cuentas vosotros o un tribunal humano; ni siquiera yo me pido cuentas. La conciencia, es verdad, no me remuerde; pero tampoco por eso quedo absuelto: mi juez es el Señor. Así, pues, no juzguéis antes de tiempo, dejad que venga el Señor. Él iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón; entonces cada uno recibirá de Dios lo que merece» (1Corintios 4,3-5). Nadie se puede erigir en «señor» de nuestra conciencia, pues no tiene los criterios y las armas para emitir un juicio justo sobre la historia humana, parcial o totalmente, cuando sabemos, en parte, las manipulaciones y las visiones interesadamente falsas de la misma. Que el Señor se haga cargo de la vida personal y colectiva nos infunde paz y sosiego, porque es el único que sabe y quiere la identidad bondadosa de todo cuanto existe: «Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno» (Génesis 1,31).

2.– Muchas veces la Iglesia, las comunidades religiosas y las instituciones cristianas han caído en la tentación de separar el trigo de la cizaña antes de la cosecha final, como si tuvieran todos los elementos para juzgar una vida o una colectividad. Se ha confundido con mucha frecuencia los criterios básicos de convivencia cristiana con un perfeccionismo que conduce a recluir en el secretismo las imperfecciones y pecados, y exteriorizar la perfección evangélica adaptada al tiempo  y costumbres de la época; las formas donde se expresa la vida evangélica ni crean la salvación ni erradican el mal interior y preserva del exterior. Debemos ser conscientes de que el trigo y la cizaña existen permanentemente en el mundo y en la Iglesia. Los Padres decían que la Iglesia es, a la vez, «casta/meretrix», «fiel e infiel» al Señor. Hacer de la Iglesia y de nuestras comunidades y familias comunidades perfectas  y vivir desde esa perspectiva es falso, y la perjudicamos gravemente, porque la situamos en una nube desde la cual no se puede aplicar el mensaje de salvación de Jesús.

3.– Si aceptamos que nuestra vida personal está sembrada de trigo y de cizaña, hemos dado un paso trascendental para comprender la sociedad, la Iglesia y la convivencia humana. Así nunca excluiremos a nadie de las relaciones de nuestra vida. Porque sabremos captar la dimensión de bondad que entrañan las personas, y no sólo el mal que hacen y generan. Para ello es esencial experimentar a Dios como amor, y aceptar en nuestra conciencia que, si somos imagen y semejanza de Él, poseemos un fondo de bondad que podemos compartirlo con aquellos con quienes nos  ha tocado vivir. Se entrelazan entonces las relaciones de bien, que hacen florecer y valorar el trigo, y las relaciones egoístas. Pero hay que dejar que la cizaña se seque, o al menos no ocupe un lugar preponderante y central en nuestra conciencia y en nuestras relaciones sociales y cristianas. No estemos constantemente pensando en la cizaña, soltemos el veneno del mal interior, no aumentemos la maldad social y cultural. Es el Señor quien dilucida al final de nuestra vida el bien y el mal, por eso vivimos el presente con la paz de que nuestras vidas están en manos de un Padre y una Madre que nos quiere más que nosotros a nosotros mismos.

Fray Francisco Martínez Fresneda, OFM [http://familiafranciscana.com/2017]

3. Contemplación

Mal que produce bien

Dijo un día el Maestro: -”No estaréis preparados para combatir el mal, mientras no seáis capaces de ver el bien que produce”. Aquello supuso para los discípulos una enorme confusión que el Maestro no intentó siquiera disipar.

Al día siguiente, les enseñó una oración que había aparecido garabateada en un trozo de papel de estraza hallado en el campo de concentración de Ravensburg: “Acuérdate, Señor, no sólo de los hombres y mujeres de buena voluntad, sino también de los de mala voluntad. No recuerdes tan sólo el sufrimiento que nos han causado. Recuerda también los frutos que hemos dado, gracias a ese sufrimiento: la camaradería, la lealtad, la humildad, el valor, la generosidad y la grandeza de ánimo que todo ello ha conseguido inspirar. Y, cuando los llames a juicio, haz que todos esos frutos que hemos dado sirvan para su recompensa y su perdón”. [Anthony de Mello].

Fray Francisco Arias Marcelo, OFM [Fraternidad San Francisco, Mérida]

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo, 23 de julio (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: comunidad@monasterioguadalupe.com

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 20:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 20:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.

Este Año, vayas o vengas de Fátima, entra en Guadalupe. ¡Te harás bien!

Categoría : Lectio dominical
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